ago 12 2010

Fallece el primer cura párroco de San Marcelino

BARRIOSANMARCELINO.ES


Desde nuestra publicación barriosanmarcelino.es queremos unirnos a la despedida del cura párroco d. Juan Ortolà que junto a d. Marcelino Olaechea, tanto creó, apoyó y reivindicó socialmente para que actualmente Sant Marcel.lí sea lo que es. Descanse en Paz.

VICENT SOLER I ALBA – VALENCIA / 28.07.2010

Tras una larga enfermedad a primera hora de la tarde de ayer falleció en su localidad natal de Xàbia, Juan Ortolá, el primer cura párroco de la parroquia de San Marcelino Obispo, situada en el barrio del mismo nombre de Valencia.

Tras ser ordenado sacerdote, Ortolá fue enviado a Madrid para completar su formación en el Instituto de Ciencias Sociales. Más tarde realizó su tesis de licenciatura en Filosofía y Letras con el título de La Paz y el Orden Internacional en el Vaticano II. El título que obtiene le señala la especialidad de Ciencias Sociales. Compaginó la labor pastoral, que inició en octubre de 1954 y desarrolló durante treinta y dos años en el barrio San Marcelino, con la docencia en la Filial N.º 2 San Vicente Ferrer de Benetússer, donde llegó a ser director. Posteriormente pasó a adscrito de la parroquia de Santa María de Jesús de Valencia.

Cuando llegó a esa barriada -San Marcelino- obrera de humildes jornaleros situada en medio de la huerta no había ni accesos, ni escuelas, ni iglesia; tan sólo una planta baja que servía para todo (teatro, iglesia, sala de reuniones, meriendas, etc.), lo que en la actualidad se llamaría polivalente. En esas penosas condiciones inició su labor, y siendo como era un barrio promovido desde el arzobispado y por el entonces arzobispo de Valencia el carismático Marcelino Olaechea, no sólo encabezó como lo correspondía por su vocación la creación y consolidación de la parroquia, si no que también luchó por las mejoras sociales de la barriada.

En 1959 se inauguraban las escuelas parroquiales y en 1960 el nuevo templo parroquial que este año ha cumplido su medio siglo. También mejoraron los accesos a la barriada. Fomentó además distintas asociaciones de carácter religioso la primera de ellas Cáritas, así como el Hogar Parroquial, para posteriormente convertir la antigua capilla o salón de actos en cine parroquial. En 1960 viajó en barco a Buenos Aires donde, junto a 18 sacerdotes valencianos más, participó en la “Gran Misión”. Entre el largo viaje de ida y vuelta y la estancia, permaneció alejado de la parroquia cerca de dos meses. Esa experiencia le hizo plantearse su labor pastoral con otras perspectivas. También viajó a Tierra Santa.

En 1971, cuando aún no existía la Asociación de Vecinos, escribió al Ministerio de Educación denunciando “la situación deficitaria de escuelas en la zona para una población escolar que crece”. Y fue en 1975 cuando se construyeron los dos primeros colegios públicos el Sara Fernández y el Fausto Martínez.
En aquellos años anteriores al final del franquismo y en los años que siguieron el salón parroquial del barrio San Marcelino y la parroquia fueron conocidos por la acogida que se hacía de tantas asambleas y encierros de obreros que tenían lugar en el templo parroquial, rodeados siempre por mucha policía.
El sacerdote Julio Ciges -actual titular de la Parroquia de Vera y miembro del Grup de Rectors del Dissabte, que había llegado a principios de la década de los setenta fue un revulsivo para el barrio y Juan Ortolá “un hombre lúcido” con visión social profundaÉ abierto a los aires conciliares del Vaticano IIº” colaboró en esa tarea de nueva evangelización.

Ya jubilado de la docencia pasó a residir en la Marina Alta ejerciendo durante más de una decena de años laboral pastoral en Benitatxell. También era columnista del semanario de la Marina Alta “Canfali”.  Actualmente estaba retirado de las labores pastorales. Descanse en paz.

Comentarios

1 comentario de “Fallece el primer cura párroco de San Marcelino”

  1. josé ramón el Lunes, 13 junio 2011 a las 12:25

    Desde mis 60 años recién cumplidos, recuerdo mis años escolares en las escuelas graduadas (D. José, D. Rafael y D. Inocencio) con una sensación indefinible de sujección a esquemas autoritarios y cuasi-carcelarios. D. Juan fue, según mii falible memoria, el factótum que vigilara el orden franquista al uso con la amenaza del anatema. Durante unos años tuve pesadillas con su figura en lugar, de como sería deseable, con el hombre del saco. Gracias a él y a atros de similar linaje soy agnóstico. Saludo sincero al colega Soler en las antípodas.

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